handbag-407198_1920No hay plazo que no se cumpla… y ya este miércoles acompaño a mi hija a dejar sus cosas a la ciudad donde continuará sus estudios. Todavía no se quedará allá, pues ganó un viaje a un festival de música y se va con su hermano el jueves. Regresa el lunes por la noche de «pisa y corre», como aquel memorable personaje de la película «A toda máquina» («¡Ya llegué vieja! ¡Ya me voy vieja!»), y el martes temprano sí la llevo ya casi directamente a la escuela.

Para efectos prácticos, hoy es la última noche que duerme en su cama, y me entristece. Después de un día caótico, finalmente la vi empacando su ropa y algunos libros. Está emocionada, contenta e ilusionada; la veo feliz y me propongo no ponerme melancólica. Volverá para vacaciones y ésta seguirá siendo su casa, pero entramos en una nueva etapa, las dos.

Como se lo expresé en un breve texto que le redacté por su partida, ahora no sólo aprenderá en la escuela, sino que aprenderá mucho más en la vida. Yo, por mi parte, asumiré mi nuevo papel de «madre testigo» e intentaré hacerme a un lado y dejarla vivir. ¡Es la ley de la vida!