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El compromiso de mi yo escritor

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¿Escribir por obligación o escribir como disciplina?

Nunca he sido buena para las rutinas. Me aburre siempre hacer lo mismo y con los mismos horarios. Sin embargo, ha habido momentos en la vida en que he tenido que disciplinarme para cumplir con mis compromisos.

Eso se me da mejor: comprometerme y cumplir. Levantarme de madrugada para preparar a mis hijos para la escuela y llevarlos a tiempo, por ejemplo. Tenía la opción de no llevarlos algunos días, pero mi compromiso era con ellos y su educación. O pasarme la noche en vela terminando un proyecto para su entrega puntual, como parte de mi compromiso profesional.

Hablemos, entonces, del escribir como un compromiso. Pero, ¿con quién?

No me funcionó muy bien que fuera con mi maestro y mis compañeros en el taller literario de los sábados. Cumplía, o intentaba, pero todo a las carreras: relatos completos (es decir, con un principio, un desarrollo y un final), pero mal trabajados. Hechos al aventón, pues, por obligación.

El compromiso debe ser conmigo misma. Para ocupar mi tiempo más productivamente. Para desfogar mis pensamiento y emociones. Para alcanzar una meta: publicar.

Me costó mucho trabajo convencerme de que soy escritora. Es un oficio que me infunde mucho respeto. Requiere mucho más que aprendizaje y ejecución. Es necesario tener talento, compromiso y constancia (constancia, más que disciplina).

Nótese que hago una distinción. ¿Realmente la hay? “Constancia” es, según la RAE, “firmeza y perseverancia del ánimo en las resoluciones y en los propósitos”. De acuerdo con el diccionario Oxford, “disciplina” es un “conjunto de reglas o normas cuyo cumplimiento de manera constante conducen a cierto resultado”.

Entonces entendamos “disciplina” como “constancia”; y así tiene más sentido para mí y mi carácter. Debo asumir el escribir no como una imposición o una obligación, sino como la decisión de establecer un compromiso conmigo misma para lograr un objetivo.

Así me gusta más.