kindle-583366_1280No, no voy a escribir sobre dietas o ejercicio. Voy a escribir sobre libros. Seguramente ustedes, en algún momento, han participado ya en un debate sobre qué es mejor: los libros en papel o en formato electrónico. Yo sí, y las opiniones siguen estando divididas, incluso dentro de una misma familia, donde puede ser que uno de sus integrantes prefiera la versión tradicional y otro una descargada en su lector electrónico.

Inicialmente, yo defendía a capa y espada a los libros tradicionales con argumentos tan románticos como su entrañable olor a papel y tinta y otros tan presuntuosos como el hecho de que al cargar por todas partes con un libro exhibía ante los demás mi calidad de buena lectora. Uno más es que para mí no hay objeto más decorativo en una casa que una estantería llena de libros.

Pero la tecnología de los e-readers va ganando terreno y ahora, al menos en Estados Unidos, ya se venden más libros electrónicos que impresos. ¿Pueden creerlo? ¿Dónde queda ese gusto por visitar la librería y recorrer los pasillos en busca de la obra de un autor preferido o dejarse seducir por la portada de las ediciones más recientes? ¿Qué pasa con el gozo de tomar un ejemplar y, al leer su contraportada, sentirse presa de la ansiedad de zambullirse en sus páginas y trasponer el umbral de la ficción?

Pues siguen estando ahí, pero ahora se han trasladado a los sitios Web de las librerías, donde se ofrecen funciones como poder hojear las primeras páginas de un libro electrónico para captar nuestra atención. Incluso las casas editoriales han emprendido campañas de ventas que incluyen enviar los primeros capítulos de sus nuevas publicaciones a los correos electrónicos de sus suscriptores. Esto me parece una idea genial. Un libro que capta la atención desde el principio merece que hagamos el desembolso de adquirir el ejemplar completo, en papel o electrónico.

Incluso hay librerías y editoriales que, tratando de captar a los fanáticos de ambos formatos, han ideado paquetes que pueden incluir la venta de un ejemplar en papel gratuito en la compra de la versión electrónica; o un descuento sustancial si, tras comprar un título en versión electrónica, el consumidor quiere conservarlo en papel en su estantería. Para las editoriales, el formato electrónico representa una reducción muy importante en sus costos, y para las personas conscientes del medio ambiente la salvación de muchos árboles. Los argumentos en pro son muchos y variados.

Para mí, el factor que me hizo desear un lector electrónico fue el peso que representa llevar conmigo mis muchos libros cuando viajo para pasar temporadas con mi marido en la ciudad donde trabaja. Cuando me vi retirando prendas y artículos de mi maleta para dar espacio a los libros, y evitar así exceder el límite de peso que imponen las aerolíneas al equipaje, me convencí de lo práctico que sería cargar con mi lectura en un dispositivo que pudiera llevar en mi bolso de mano.

Esta misma practicidad puede ser la razón que esté detrás de la estadística que indican que leen más los usuarios de lectores electrónicos. Al final de cuentas, es el medio para tener siempre a la mano material de lectura cuando nos encontramos inesperadamente con el tiempo disponible para leer, ya sea en el transporte público, en la antesala de un consultorio médico, a la salida de la escuela mientras esperamos a nuestros hijos o cuando se retrasa la persona con la que concertamos una cita.

Soy pragmática y ahora me inclino un poco más a favor de los libros electrónicos. Sin embargo, de ninguna manera renunciaré a los libros en papel, aunque acumulen polvo y ocupen mucho espacio en mi casa. ¡Son mi tesoro! Mi razón para preferir, bajo algunas circunstancias, los libros electrónicos es, sencillamente, de peso.