Hasta hace muy poco tiempo, yo era el centro de su vida. Su motivo de alegría, y también de preocupación. Todas sus acciones me tomaban en cuenta. No había decisión en la que no me considerara. Decía que el día más feliz de su vida fue cuando me vio por primera vez.
De mí hablaba con el orgullo de saberme única, como si fuera de su propiedad. Se apuraba en el trabajo para llegar pronto a verme. Se levantaba temprano deseando estar conmigo antes de partir. A veces, despertaba durante la noche y contemplaba mi sueño. Los fines de semana los dedicaba por completo a mí.
Ahora, yendo unos pasos detrás de ustedes durante un paseo por el malecón, te veo en sus brazos y me sé desplazada. Veo cómo te mira embelesado, cómo te habla al oído, cómo te besa delicadamente, cómo te acaricia con ternura. ¡Ah, cómo ha cambiado todo desde que naciste, hermanita!
Debe estar conectado para enviar un comentario.