Ante un hecho de tal magnitud, que superó las expectativas incluso de quienes lo tramaron, una fotografía de Thomas Hoepker que muestra a residentes de Nueva York que parecen gozar alegremente del sol mientras al fondo se eleva la columna de humo y polvo provocada por los atentados terroristas contra el World Trade Center el 11 de septiembre de 2001 causó incomodidad incluso en su propio autor, quien decidió no publicarla hasta pasados cinco años del suceso.
Aún entonces, la controversia no se hizo esperar, y muchos fueron los que criticaron a los protagonistas de la foto, algunos de los cuales negaron haber dado autorización para ser captados por el lente de Hoepker y comentaron que la imagen no reflejaba de ninguna manera la indignación y pesar que sentían en ese momento.
En medio de la multitud de fotografías que reprodujeron fielmente la destrucción de los edificios y la conmoción de quienes lo vivieron, o lo presenciamos en vivo por televisión en todo el mundo, claro que esta foto no podía dejar de resaltar. ¿Por qué cinco jóvenes neoyorquinos se asolean tranquilamente en un parque de Brooklyn cuando la seguridad de su país acababa de ser vulnerada de esa manera? Se afirma que una imagen dice más que mil palabras, pero también es cierto que una foto no siempre puede retratar las emociones y los sentimientos.
Esa que parece una conversación relajada bajo un cielo luminoso sólo empañado a la distancia, bien pudo haber sido un sensible intercambio de opiniones y una plática reflexiva sobre lo que estaba sucediendo, sus causas y sus posibles consecuencias. Es un reflejo de esa actitud tan estadounidense de superar rápidamente las sacudidas para emprender las acciones que lleven a retomar el control. Esta imagen nos habla claramente de cómo, ante el más atroz de los acontecimientos, la vida continúa.
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