flying-956142_1280Las señales fueron muchas, pero ella no las quiso ver. Él, conocedor de sus pecados y enterado de que tarde o temprano los rodearían las aguas turbulentas, llevaba tiempo preparándose. Deseaba la salvación de ambos.

La tempestad estalló. En medio de olas de indignación y arrepentimiento, ella resolvió que era suya la decisión de mantener a flote el barco en el que sólo había espacio para los dos. La otra opción era zozobrar por separado.

Durante 40 días, se debatió entre el pesar y el amor, inundando la nave con una lluvia de reproches y el torrente de sus lágrimas. Él soportó el diluvio, dedicado a menguar la desconfianza y el rencor que amenazaba con hundirles.

Pasaron 150 días navegando en el mar de la incertidumbre, hasta que ella vislumbró un rayo de esperanza y tomó su decisión. Acogió a la paloma que él envió a explorar y la devolvió con la ofrenda del perdón.