En una foto de primera plana que me identificaba como organizadora de la manifestación izquierdista alcancé a verlo en una esquina. Era el mismo hombre que me había seguido por varios días. Al fin tuve una prueba de su existencia
“No te alucines”, “Tú siempre tan paranoica”, “Otra vez estás desvariando”, eran las respuestas de mis familiares cuando les comentaba mis inquietudes. Enloquecida, volví con ellos y les mostré el periódico: “¡Aquí está, es él!” Todos me miraron boquiabiertos, confusos, nerviosos.
Lo único que comprobé con esa foto fue que tenían razón. Mi personalidad paranoica me hizo alucinar que el retrato en cartón y a tamaño natural que promovía el más reciente disco del cantante de moda era mi acosador.
Ahora, en las horas muertas que paso en mi habitación de la clínica psiquiátrica, lo escucho una y otra vez.

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