thinking-293313_640Una vez más pierdo la batalla y me dejo envolver por la dulzura de sus promesas. Encantada, acepto su invitación. Me dejo seducir por su imagen, convencer  por sus argumentos, cautivar por sus ofrecimientos. Carente de voluntad, escucho sus palabras y acudo a la cita. Vuelvo a cometer los errores del pasado. Me abandono al placer irreflexivo.

La alegría dura poco. Al dirigirme a la puerta, el remordimiento vuelve ingrata la experiencia que me acababa de parecer deliciosa. Me siento culpable y débil. La preocupación me agobia mientras pienso en las explicaciones que tendré que dar en casa. Puedo llegar discretamente y esconder las bolsas de mis compras pero, cuando mi marido vea los saldos de las tarjetas de crédito al tope, no tendré escapatoria.