No tendré escapatoria. En el momento en que me adentre por los pasillos de la biblioteca me sentiré como en mi casa. Repasaré cada uno de los títulos. Hojearé los libros que me parezcan interesantes. En algún momento, elegiré uno y me sentaré a leer. Ya no podré cerrarlo.
Sus palabras me atraparán como tentáculos. Su trama me intrigará tanto que tendré prisa por dar vuelta a la página. Absorberé el relato como un hombre sediento ante un manantial. Me encariñaré con los personajes y dialogaré con ellos. Viviré otras vidas y viajaré lejos.
Cuando llegue la hora de que cierre el recinto, solicitaré el libro en préstamo y lo llevaré conmigo. Me esperarán noches de desvelo y ratos de lectura robados al día. Lo terminaré, quizá desconsolada, con suerte un poco más sabia. Una vez más habré caído en la trampa de la literatura.
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