Vuelo rumbo a casa, no debo retrasarme. Pero, al pasar frente a un ventanal abierto, el olor a viejo me envuelve y me detiene. Me remonta a mi niñez en casa de la abuela y siento el hechizo de la nostalgia.
De inmediato, los recuerdos desplazan a mi presente. Evocan las palabras cariñosas de entonces y relegan los gritos que recibo ahora; reviven los abrazos de antaño y mitigan el dolor de los golpes recientes.
Decidida, deshago mis pasos y me alejo del que era mi destino.
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