Todo empezó cuando escribí un correo electrónico.

Hace un año y unos cuantos días, me enteré de la convocatoria para el Diplomado de Creación Literaria del INBA. La idea de intentar escribir ya rondaba mi cabeza. Leo mucho, mucho. Pienso mucho, quizá demasiado (con la connotación negativa de la ansiedad que eso puede provocar). Continuamente reflexiono, o divago si prefieren, sobre lo que veo y lo que siento. Y tenía la inquietud de plasmarlo en papel (bueno, en formato electrónico, más bien).

macbook-925480_1280Entonces llegó la oportunidad, y escribí el correo electrónico pidiendo informes. Me pidieron una carta de intención y muestras de lo que había escrito. La primera fue fácil, simplemente expresé mi deseo de aprender a escribir lo que rondaba en mi interior, y ver si de alguna manera había heredado el talento literario de mi padre, quien me enseñó a leer y a amar los libros mientras con su pluma nos dejaba testimonios imborrables y poéticos de nuestra vida familiar. Lo segundo, mis escritos anteriores, no existía; simplemente envié ejemplos de las traducciones que hago y los coordinadores decidieron darme una valiosa oportunidad, según creo porque demostré cierto dominio del lenguaje.

Llegué a la primera sesión nerviosa, pero entusiasmada. Y salí intimidada. En las primeras presentaciones, los 25 compañeros hicieron recuento de sus novelas y cuentos ya escritos, sus años dedicados a la poesía, sus premios ganados. ¿Pueden imaginar lo que se siente? Pero encontré un gran apoyo, una amiga que con sus comentarios y críticas constructivas a mis primeros intentos me alentó a seguir adelante. También los demás compañeros fueron comprensivos y respetuosos al momento de indicarme cómo podía mejorar mis escritos.

La seguridad llegó, poco a poco, con la retroalimentación positiva de los instructores. Y me animé a abrir este blog y escribir, y a responder a las convocatorias del portal de minificciones Ficticia, donde encontré amables talleristas que seleccionaron mis escritos y me ayudaron a pulirlos y donde la simple lectura de las propuestas de otros incipientes escritores (y las correcciones que les hacían) me fue dando herramientas para sumergirme en el género.

Acabó el diplomado; asistí con ilusión de escribir y terminé con confianza para hacerlo. Más bien, terminé con mucho más de lo que me hubiera imaginado: una selección para participar en una mesa de lectura en el Pabellón Guanajuato de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, en marzo próximo. Ha sido una distinción extraordinaria, y me siento como el pequeño que sale del jardín de niños con una estrellita dorada en la frente.

Cuando comenté que no sabía qué había hecho para merecerlo, otra de las seleccionadas me respondió que “simplemente escribir” y una compañera más dijo que “escribir, que no es poca cosa”. Todos -instructores, compañeros, talleristas de Ficticia, lectores de este blog- contribuyeron a que escribir fuera cada vez más fácil, espero que también cada vez mejor. Ahora depende sólo de mí. Con empeño y disciplina espero convertir un entretenimiento en un oficio, el oficio de escribir.

¡Ojalá mi padre viviera para leer lo que he escrito!