En un gesto automático, levanto la cámara al ver a un grupo de niños jugando en el parque. Quiero captar esa alegría despreocupada que ahora echo de menos.
Pero el lente encuadra lo que quiere y aísla a un pequeño de cara triste. La ventaja del formato digital es que aún sigo en la escena cuando me percato de ello. Ahora sí miro al pequeño, lo observo; veo cómo desde su asiento, con una pierna enyesada, contempla con nostalgia a sus amigos.
Mi cámara lo ha percibido mejor que yo y me da la respuesta que, en tu ausencia, estaba buscando. Eso es la vida: Momentos en que las circunstancias nos hacen sentir desplazados. Ahora sé que todo pasa, que la inmovilidad temporal hace que sanemos y volvamos a ser felices.
Vuelvo a casa dispuesta a quitarme la escayola con que paralicé mi corazón cuando te fuiste. Abro las ventanas y respiro hondo, inhalando anhelos y esperanzas, exhalando tristezas y pesares.
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