En el ahora popular debate de qué es mejor, los libros impresos o el lector electrónico, me topé con este argumento ecológico: http://www.slate.com/articles/health_and_science/the_green_lantern/2010/08/should_you_ditch_your_books_for_an_ereader.html. En resumidas cuentas, el artículo dice que, considerando la huella de carbono que deja la producción y utilización de un lector electrónico (e-reader), el aparato es la mejor opción para nuestro medio ambiente. Resulta que con que leamos en el dispositivo alrededor de 20 libros electrónicos estaremos compensando el efecto ecológico nocivo que puede tener durante su vida útil.

No sé a ustedes, a mí me pareció un argumento muy convincente para hacer el cambio; aunque quizá no total. Si algo me faltaba para restar peso a mi argumento romántico a favor del “olor y la sensación de un libro impreso entre las manos”, recibí una fuerte sacudida con esta frase lapidaria: “Y si aún eres de quienes prefiere tener un árbol muerto entre los dedos…”. ¡Gulp! ¿Eso es lo que he estado defendiendo? ¿Un cadáver botánico en mis manos y un bosque de árboles muertos en mi librero? ¡Vaya!

Ahora que leo cómodamente en mi e-reader, sin necesidad de cargar de un lado para otro con pesados volúmenes y sin tener que encender una lamparilla de noche, le doy un punto más a favor a la tecnología. En cuanto a los “árboles muertos con letras impresas”, les diré que seguirán adornando mis paredes, los atesoraré más que nunca y los compartiré con todo el que esté dispuesto a apreciarlos. No hay mejor manera de reducir su impacto ambiental que disipándolo entre el mayor número de lectores.

¿Alguien quiere compartirlos conmigo?