Etiquetas
Mi trabajo, con el que financio y alimento mis inquietudes literarias, es fascinante.
Aunque aparentemente hago lo mismo todos los días (plantarme ante mi laptop a leer y teclear), la verdad es que para mí, que detesto la rutina y tengo un espíritu intelectualmente curioso, es la actividad ideal: siempre cambiante y una perpetua fuente de inspiración y conocimientos para mis incursiones en la escritura creativa.
Soy traductora y correctora de traducciones de reportajes periodísticos y columnas de opinión, y con cada nuevo artículo amplío mi comprensión del ser humano y de otras sociedades, de los lazos que nos unen en todos los ámbitos, y de ese «efecto mariposa» que hace que lo que sucede al otro lado del mundo tenga repercusión en mi entorno inmediato.
También me ilumino con una gran variedad de reflexiones, opiniones y convicciones, no solo de importantes actores políticos, académicos o intelectuales internacionales, sino de los ciudadanos comunes de otros muchos países. No somos tan diferentes, todos podemos tener los mismos anhelos, pero también reflejar las mismas mezquindades.
Tengo la suerte de que cada día, casi cada hora de mi horario laboral, me aventuro en nuevos y distantes lugares y, así como sucede con las obras literarias, los buenos reportajes me llevan a conocer el amplio mundo en que vivimos y a reflexionar sobre el pedacito de mundo en el que resido.
Todo esto viene a cuento porque hoy me fui a Groenlandia, a acompañar a unos investigadores que hacen mediciones sobre el derretimiento del casquete glaciar para poder estimar el aumento de los niveles del mar en el futuro. Échenle un vistazo al artículo original de The New York Times y díganme si no les maravillan esas extensiones de hielo y esa visualización de lo pequeñitos que somos en este planeta.
Ya les seguiré contando más sobre mis «viajes».
Debe estar conectado para enviar un comentario.