En mi reencuentro con este blog, me di una vuelta por publicaciones pasadas. Las desempolvé y las embellecí (creo, pues les agregué fotos). Es curioso, hay cosas que ni recordaba haber escrito; algunas me sorprendieron, otras me provocaron nostalgia.
Entre esos archivos, me topé con una divagación en que abordé un tema que retomé la semana pasada: los libros electrónicos. Palabras más (en ese primer post), palabras menos (en el más reciente), dije lo mismo: Venero a los libros impresos, me beneficio de la practicidad de los electrónicos.
Me di cuenta de que mis opiniones sobre ese tema en particular, al menos, no han cambiado; pero no sería malo que así hubiera sido. Las personas evolucionamos, y con cada nueva lectura, información o debate pulimos nuestros juicios y, de considerarlo necesario, cambiamos de parecer. “Es de sabios”, se dice.
También nos hacen cambiar los “golpes de la vida”, como si fuéramos un metal maleable que es sometido al fuego de las adversidades. Algunos, con una fuerza interior que no sabían que tenían, se renuevan dándose cuidadosos y hábiles martillazos como experimentados orfebres. Otros, salen maltrechos, deformes; reblandecidos tras haber perdido el molde conocido y sin encontrar donde encajar de nuevo. Es triste.
También es triste que esas obras delicadas y pulidas que surgen de las forjas cuidadosas a veces no sean apreciadas por los intransigentes o dogmáticos. Son aquellos que creen que quienes, ante posturas contrarias y realidades recién descubiertas (y tras una profunda reflexión, que sería lo ideal), modifican sus juicios, apreciaciones o evaluaciones son míseros seres influenciables, inconstantes, débiles, o blandos. Y no lo son; son “sabios”, recordemos.
Bueno, pues, tras este somero repaso surgido de la revisión de mis escritos, yo veo que me he renovado progresivamente, he crecido (al margen de los años acumulados, cabe aclarar). Mi personalidad no es la misma que hace tres o cuatro años. Mis posturas, opiniones, reacciones, no son las mismas. No sé decir si soy mejor o peor persona que antes, pero no soy la misma. Yo, de manera benévola y optimista, quiero creer que mis filigranas son más finas.
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